Antes de comenzar, disculpenme una pequeña intromisión. Para disfrutar de este viaje por la vida y obra de W.A. Mozart es necesario que, confome vayan avanzando por el texto vayan haciendo clic en los distintos enlaces (?) que nos llevan a escuchar diferentes obras del compositor, cada una apropiada al momento al que el texto hace mención. De manera que enciendan sus altavoces, pónganse cómodos y disfruten de, como nos cuenta Juan Gómez, la perfección hecha música.

? MOZART Y SU MÚSICA

La celebración del 250° aniversario del nacimiento de Mozart, está haciendo de este personaje un icono universal. Una vez más, su música invade el mundo y un reguero de publicaciones divulgan los detalles públicos e íntimos de tan singular personaje. Desde hace tiempo Mozart está acostumbrado a ver todo esto con una sonrisa, especialmente desde que Viena, la ciudad que en sus últimos años le despreció hasta el punto de enterrarlo como al pobre que era y sobre todo Salzburgo -su ciudad natal-, de donde hubo de despedirse tras recibir los honores de una sonora patada. Ahora, estas dos ciudades, le tienen en palmitas y a la menor oportunidad utilizan su apellido o su rostro para poner nombre a una cafetería o para vender bombones, convirtiéndole así en carne de souvenir.

Dos ejemplos: las Mozartkugeln(bolas de chocolate con turrón, mazapán y pistacho) son conocidas desde hace tiempo y el Mozartlikórlleva años en las estanterías de las tiendas. Son algo típico y no hacen daño. Y además están muy ricas. Pero todo esto nos hace sospechar que en el Año Mozart suena más la caja registradora que su música.

Y Austria, su país, trata por todo los medios de sacudirse el marrón por la poca atención que prestó a uno de sus hijos más universales. Algo parecido le pasa al genio creador de nuestro admirado Cervantes que, tanto en vida como en muerte, fue ampliamente ignorado y ahora se hacen pisapapeles con su efigie o se fabrican quesos con su nombre.

A pesar de esto, no estará de más ofrecer unos elementales datos biográficos que nos ayuden a conocer al personaje y a situarnos en aquellos años

JOHANNES CHRYSOSTOMUS WOLFGANG THEOPHILUS

-con estos nombres fue bautizado- nació en la ciudad-estado de Salzburgo el 27 de enero de 1756. Su padre Leopold Mozart, era un conocido violinista y compositor que trabajaba en la orquesta del príncipe-arzobispo de esta ciudad. Sería conocido como WOLFGANG AMADEUS (Amadeus —amado de Dios— latinizado nombre del GOTTLIB alemán) y su apellido ?MOZART, se convertiría casi en sinónimo de música. La sola pronunciación de esta palabra, ya anima nuestro espíritu a disfrutar de la música más hermosa.

 

Mozart nació en una época y en un contexto cultural dominado por la aparición de grandes cambios en los terrenos de las ideas y de la política. Es el Siglo de la Luces. Es también el tiempo en que la fuerte identidad alemana cobra cuerpo.

El niño tenía algo más que genuinas dotes musicales y una prodigiosa capacidad para aprender: ese algo de difícil definición llamado "genio". A los seis años el pequeño Mozart compuso su primer fragmento musical, un minueto, y a los siete se reveló como un excepcional violinista. Su primera sinfonía la escribió cuando tenía ocho años.

En 1784, al igual que su padre, ingresó en la Gran Logia masónica de Viena, llegando a la categoría de Maestro una de las más altas de esta asociación secreta; a ella dedicaría varias de sus obras, pues los masones consideran a la música una de las siete artes que garantizan el equilibrio del alma.

Murió a los treinta y cinco años -en 1791-, pobre y lo que es peor, en soledad. Las causas de su fallecimiento estuvieron envueltas de rumores y leyendas, incluida la tesis del envenenamiento causado por su rival Antonio Salieri. Tesis sin fundamento, porque después de recientes investigaciones se puede afirmar que fue por fiebre reumática; en aquellos tiempos mortal de necesidad.

A su funeral asistió un pequeño grupo de amigos. Debido a su situación financiera los restos mortales de Mozart, fueron depositados en una fosa común. La oscarizada película "AMADEUS" de Milos Forman retrata, con considerable crudeza, su entierro y cómo sus escasos amigos se dispersan ante la incesante nevada que caía durante éste. El enterrador fue su único acompañante.

Pues bien, hasta aquí el hombre, desde aquí el músico. No son necesarios más datos de su biografía. El músico y compositor es el que nos interesa.

En la historia de la música no existe vocación tan temprana ni carrera tan fructífera, aunque desgraciadamente tampoco tan corta, como la de Mozart. Más de seiscientas obras lo demuestran. Composiciones que transcribía, como si estuviera escribiendo al dictado, de la música que salía de su privilegiada cabeza. Las partituras mozartianas más desenvueltas camuflan un drama que late sin denuedo, como reflejo de una vida llena de insatisfacciones, incompleta, rebelde, incapaz de adaptarse al medio.

Mozart tocando el piano a los 12 años.
Óleo de Thaddäus Helbling.
Salzburgo. Mozart Museum

 

 

Mozart, y muy especialmente el Mozart maduro, fue un ser complejo que engatusa tras la apariencia de una belleza que en realidad, está plagada de irisadas contradicciones.

Así pues, sin más demora, pasamos a escuchar algunos fragmentos (de cinco minutos aproximadamente) de sus excepcionales obras: sinfónica, escénica y coral. En primer lugar de la Sinfonía n° 40; antes un escueto comentario al respecto. Las consonantes KV que acompañan a todos los títulos de sus obras corresponden a la catalogación oficial que realizó Ludwig von Kochel y llamado Kochel-Verzeichnis, porque como sabéis la UVE en alemán se pronuncia como nuestra EFE.

En sólo seis meses compuso esta sinfonía, además de otras dos, acabándolas en 1788. Mozart creó en esta sinfonía una de sus obras más perfectas en lo que a estructura se refiere, y empleó de un modo absolutamente genial el contrapunto. La orquesta está integrada por flauta, oboes, fagots, trompas y cuerdas. En otra versión incorporará el clarinete, el instrumento predilecto del compositor. El espíritu de esta sinfonía presenta la expresividad desenfrenada del romanticismo. Está dividida en cuatro movimientos, tres de los cuales en forma de sonata.

Los primeros compases nos introducen de lleno en el clima un tanto tenso, oscuro y sombrío que domina toda la partitura.

Escuchamos el Molto Allegro de la ?SINFONÍA N° 40 EN SOL MENOR, KV 550 de Wolfgang Amadeus Mozart.

 

Pista 1 (5'40)

 

          oooOooo     

Los mozartómanos suelen repetir (y no les falta razón) que la historia de la música escénica -la ópera- se divide en tres épocas: antes, durante y después de Mozart. Puede parecer una boutade, pero cualquiera que conozca la obra del autor sabrá perfectamente que no lo es. Veintiún trabajos, no todos completos, dejó para el género el genio más absoluto de la escena musical que ha pisado el mundo.

El panorama operístico europeo cuando nació el maestro, estaba dominado por los italianos y su idioma. Mozart se propuso, y lo consiguió, incorporar el alemán al mundo de la ópera. En este idioma escucharemos un fragmento de La Flauta Mágica y otro en italiano, de Don Giovanni.

La intención de Mozart al componer ?La flauta mágica (Die Zauberflöte, la ópera alemana por excelencia) era llegar al gran público.

Fue su última ópera. Estrenada el 30 de septiembre de 1791 en un teatro del arrabal de Viena, con el propio autor a la batuta. Si se nos permite la broma, puede decirse que es la única ópera de la historia cuyo argumento no ha entendido nadie jamás. La partitura posee una riqueza y variedad asombrosas; números bufos de corte popular austríaco, canción folclórica, arias de opera italiana, corales luteranos. Se trata de un singspiel (esto es, una variedad operística que alterna el canto con la recitación; como nuestra zarzuela) con el que la ópera alemana alcanzó una cima insuperable. La inspiración melódica, la sobriedad y el sentido de las proporciones enaltecen los motivos populares y religiosos. Todos ellos a partir de una escritura musical cuya belleza, variedad y adecuación no conoce límites.

Toda la obra está impregnada de simbología masónica. En la introducción resuenan tres acordes, en escena aparecen tres chicos, tres damas, tres sacerdotes, tres templos y se oyen tres golpes en la puerta; todo ello representando la cifra masónica del TRES. Es lógico, pues tanto Mozart como Schikaneder, el libretista, eran masones.

Dibujo a lápiz (con punzón de plata sobre cartón de marfil) de Dorothea Stock. (Dresde, 1789).
Dresde. Sächsische Landesbiblothek.
Original desaparecido en 1945.

En primer lugar escucharemos la famosa aria de Papageno, el personaje cómico de la obra, que anuncia su llegada con música de la siringa: "Der Vogelfanger bin ichja" algo así como: "el pajarero ya está aquí".

?Wo bin ich? Pista 2 (0'21)

Der Vogelfänger bin ich ja. Pista 3 (2´35)

La siguiente, también de Papageno, la canta cuando los guardias del templo se llevan a éste y a Tamino, el principal personaje de la obra. A Tamino, para conducirlo a las pruebas que aún le restan de realizar (otro rito masónico más); a Papageno para decirle que ha fracasado y no conocerá las alegrías de los iniciados, cosa que a él le da igual, pues tan solo quiere una mujer; deseo que expresa en la canción de inconfundible sabor popular, acompañada por el carillón: "Ein Mädchen oder Weibchen wünscht Papageno sich", que significa "una señorita o viuda quiere Papageno para si". La escuchamos.

Ein Madchen oder Weibchen wünscht Pagageno sich" Pista 4 (3'54)

Otra ópera más. Otra insuperable obra maestra: "DON GIOVANNI, estrenada en Viena y aclamada en Praga. El viejo tema de la leyenda española que tanto ha estimulado la fantasía literaria y musical. Para darnos una idea de la genialidad del compositor, baste decir que la obertura de esta ópera fue compuesta la víspera de su estreno. "¡No se preocupe — decía Mozart al empresario que le acuciaba para que la terminase — aquí la tengo!", señalando con el dedo su cabeza. El fragmento que escucharemos es la famosísima aria del Catálogo, en la que Leporello, criado de Don Juan, explica a Doña Elvira (una dama seducida y abandonada por éste) que no es ni muchísimo menos una excepción. En un libro lleva la cuenta del número de sus amantes y del país en que las conoció así como la clase social a la que pertenecen.

Mozart

"Osservate, leggete con me" (Observad, leed conmigo, dice el criado de Don Juan a Doña Elvira):

"En Italia, seiscientas cuarenta; en Alemania doscientas treinta y una, cien en Francia, en Turquía noventa y una ¡Pero en España ya van mil tres! (Ma in Ispagna son giá mille e tre, canta en italiano). Entre ellas hay campesinas, ciudadanas, condesas, baronesas, marquesas y princesas. De todos los tipos y de todas las edades. De la rubia alaba su gentileza, de la morena la constancia, de la canosa la dulzura. En invierno prefiere la llenita (la grassotta) en verano la delgadita (la magrotta). La alta es majestuosa y la pequeña (la piccina) es siempre encantadora, pero su pasión predominante es la joven principiante; a las viejas las conquista por el placer de ponerlas en la lista. Le da igual que sea rica, que sea fea, que sea hermosa; con tal de que lleve faldas". Con tan donjuanesca afirmación — paradigma de lo que hoy llamamos "machismo"— termina el aria, diciéndole a Doña Elvira. "Voi sapete quel che fa"(Vos ya sabéis lo que hace). Lo escuchamos.

?DON GIOVANNI

Pista 5 (5´40)

 

 

Con el RÉQUIEM en Re Menor, KV 626 nos hallamos ante una obra por completo diferente, sin posible relación con ninguna otra de la historia de la música, anterior o posterior. Como es sabido, Mozart no tuvo tiempo de poner fin a esta excelsa creación, testamento espiritual de un artista para quien la muerte llegó a ser contemplada como una verdadera amiga del hombre.

La cercanía de ésta, tan presente en numerosos momentos de su composición, refleja el estado de ánimo del compositor que presentía su propia final. Sin perder ni forzar nunca su propia esencia, Mozart no atisba, sino que toca ya aquí con una visión enteramente genial, aquellos aspectos (intimismo, pasión, patetismo...) que determinarán el venidero movimiento romántico.

La historia de la célebre obra postuma de Mozart es tan misteriosa como maravillosa. Un enigmático personaje, en nombre del falsario conde Franz von Walsegg (que hacía pasar como suyas las composiciones de autores de prestigio) encargó este profundo, sombrío, dulce y terrible Réquiem.

En un momento de febril actividad creadora, vuelve, una y otra vez, apremiado por el encargo, a una obra que tendrá todo el atractivo y toda la angustia propias de un hombre que sabe que morirá pronto. En ella está todo el afán depurador de medios, toda la angustia y toda la emoción de lo que nunca sabremos si es esperanza o es pura entrega. El Réquiem es obra del más desnudo Mozart y de su propio misterio.

Mozart compone el Réquiem.
(Fragmento).
Pintura de W.G. Grant (S.XIX).

Consta de catorce fragmentos. Escucharemos dos. En primer lugar el Rex tremendae (Rey de tremenda majestad) cuando la soberbia entrada de la orquesta (a lo Bach) es acompañada por la triple exclamación del coro, antes de lanzarse a un vigoroso canto que declinará en el último verso para expresar, ya sumisa e íntima la emocionante súplica "Salva me, fons pietatis" (Sálvame, fuente de piedad).

Rex tremendae. Pista 6 (3´10)

Imposible describir la belleza infinita de esta página ante la cual el propio Mozart al intentar cantarla, el día anterior a su muerte, dejó la partitura a un lado y rompió a llorar desconsoladamente. Disfrutando escuchamos esta excepcional pieza.

?Lacrimosa, Pista 7 (4´10)

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¡Pobre conde Walsegg, suplantar a Mozart! ¡Qué ambición! ¡Qué osadía! ¡Qué inocencia!

Resumo y termino: Mozart es un auténtico modelo musical, más allá de tendencias y cambios estéticos. Es la perfección hecha música, una percepción que no sólo es recogida por los músicos sino por cualquier persona que tenga un mínimo de sensibilidad. Y además, es auténtica poesía sonora, una belleza suprema capaz de llegar al corazón.

 

La música de Mozart nos recuerda que la vida tiene sentido, que nos emociona hoy como siempre lo ha hecho y siempre seguirá haciéndolo y porque en definitiva, como dice mi admirado Don Quijote: "la música compone los ánimos descompuestos, y alivia los trabajos que nacen del espíritu" y también porque "donde hay música no puede haber cosa mala".

Y nada más. Por vuestra presencia y, también, por vuestra paciencia, GRACIAS.

Juan Gómez Díaz
Cronista Oficial de Lillo
 Académico Correspondiente de la Real Academia de
  Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo
   Corral de Almaguer, 12 de octubre de 2006

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